Comparar dos presupuestos de software es difícil cuando no trabajas en el sector. Los dos documentos hablan de cosas parecidas, uno cuesta el doble que el otro y nada de lo que pone explica por qué.
Estas son las preguntas que nosotros haríamos si estuviéramos al otro lado de la mesa. Ninguna requiere conocimientos técnicos, y las respuestas se entienden a la primera.
1. ¿Quién va a trabajar exactamente en mi proyecto?
No busques una lista de perfiles: busca nombres. Saber quién escribe tu aplicación —y si esa persona seguirá disponible dentro de un año— predice bastante bien cómo será el mantenimiento.
2. ¿Qué pasa si dentro de seis meses quiero cambiar algo?
Una respuesta útil suena a: «depende de qué sea, pero podemos decírtelo en un par de días con una estimación». Una respuesta preocupante es un silencio incómodo o un «eso lo vemos entonces».
3. ¿De quién es el código y dónde están mis datos?
El código y los datos deberían ser tuyos, y deberías poder llevártelos. Si la respuesta incluye condiciones para recuperar tu propia información, anótalo: es un coste futuro disfrazado.
4. ¿Quién revisa el tratamiento de datos personales?
Si tu aplicación va a manejar datos de empleados o de clientes, alguien tiene que haber pensado dónde se guardan, cuánto tiempo y quién puede verlos. Es una pregunta legal, no técnica, y merece una respuesta concreta.
5. ¿Qué incluye el precio y qué no?
Conviene aclarar tres partidas que muchas veces quedan fuera del presupuesto inicial:
- El alojamiento y su coste mensual.
- Las correcciones posteriores a la entrega y durante cuánto tiempo.
- La formación de las personas que van a usar la aplicación.
6. ¿Puedo hablar con algún cliente parecido a mí?
Una referencia de una empresa de tu tamaño y sector vale más que diez logotipos en una web. Si no hay ninguna disponible, no es descalificador, pero conviene saberlo.
7. ¿Qué parte del código escribe una persona?
Esta pregunta se ha vuelto relevante en los últimos años. No hay una respuesta correcta universal, pero sí conviene saber qué te están entregando: quién puede explicarte cómo funciona y quién lo va a poder arreglar cuando falle.
Una señal que vale por todas
Fíjate en si la empresa te dice alguna vez que no.
Un proveedor que acepta cualquier plazo, cualquier presupuesto y cualquier funcionalidad extra sin pestañear no te está diciendo que puede con todo: te está diciendo que ya lo ajustará por el camino. Nosotros preferimos avisar antes de empezar, aunque a veces eso signifique perder el proyecto.
Si estás en pleno proceso de comparar opciones y quieres una opinión sin compromiso, escríbenos. Si no somos la empresa adecuada para lo que necesitas, te lo diremos también.
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